Encapuchados derriban vallas y desatan dos horas de tensión frente a Palacio Nacional

Ciudad de México. Lo que inició como una marcha multitudinaria de la llamada Generación Z derivó este sábado en uno de los enfrentamientos más intensos registrados recientemente en el Zócalo capitalino, luego de que grupos de jóvenes encapuchados derribaron gran parte del cerco metálico que resguardaba Palacio Nacional, provocando una prolongada confrontación con la policía.

Los incidentes comenzaron cuando un grupo logró trepar las vallas de tres metros colocadas frente al inmueble, mientras otros las golpeaban con martillos, alicatas y esmeriles para romper sus uniones, en medio de gritos divididos entre “sí se puede” y “no me representas”. Desde el interior, policías respondieron con gas de extinguidores, gas lacrimógeno y detonaciones de cohetes, lo que intensificó el choque que se extendió por más de dos horas.

A la 1:40 de la tarde, los uniformados salieron del perímetro para formar un segundo muro con escudos, ante el avance de los manifestantes que ya habían retirado la mitad de las placas metálicas. Incluso algunos jóvenes arrancaron nueve vallas completas, las arrastraron hacia la plancha del Zócalo y las derrumbaron, dejando un enorme hueco frente al Palacio. En ese ambiente tenso, algunos encapuchados lanzaron artefactos explosivos, piedras y esferas en llamas.

Mientras tanto, contingentes de la “marcha del sombrero” se replegaron, cantaron el himno nacional e intentaron calmar los ánimos. Sin embargo, otros manifestantes insistían en ingresar por la fuerza. En un momento de inesperado contraste, policías y jóvenes intercambiaron apretones de mano sobre las vallas derribadas, entre gritos de “revocación”.

Los disturbios se extendieron también hacia la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde encapuchados intentaron ingresar por las ventanas superiores, rompieron cristales y vandalizaron la fachada antes de ser repelidos con gas desde el interior.

Hacia las 3:34, las fuerzas antimotines se desplegaron a lo largo del Zócalo y lograron dispersar a los manifestantes. En un ambiente de miedo e incertidumbre, varios corrieron en pánico mientras otros regresaban para intentar enfrentarse a los uniformados. Finalmente, los participantes comenzaron a retirarse por calles aledañas como 20 de Noviembre y 5 de Febrero, donde se mantenía un fuerte bloqueo policiaco para evitar su regreso.

La jornada dejó un Zócalo marcado por destrozos, tensión y un fuerte despliegue de seguridad, en una movilización que combinó protesta pacífica, confrontación y escenas de violencia extrema.