“Chuy Toño”, el superpolicía

Redacción 14/05/2020

Que no era blanca paloma

Por: Eduardo Valdez Verde


El sábado 9 de mayo a las 10 de la noche la noticia empezó a correr por las redes sociales y algunos medios locales la confirmaban de manera escueta: Muere “Chuy Toño”, ex director de la Policía Ministerial del Estado.


La poca información que se tiene al respecto señala que Jesús Antonio Aguilar Íñiguez había acudido el lunes al Hospital General de Mazatlán por algunas molestias en las vías respiratorias. Ahí fue internado, aislado y puesto en observación.


Cuentan que estaba de buen humor y que mantenía contacto con amigos y familiares vía watsap. Quirino Ordaz le envió un mensaje dándole ánimos y él presumió este detalle a uno de sus hermanos.


A sus 60 años Chuy Toño era un tipo fuerte. Aficionado al trabajo en el gimnasio y a la bicicleta, en la que recorría los fines de semana la carretera a Altata junto con un grupo de amigos.


Pero el sábado, en cuestión de horas, su organismo colapsó y lo que no hicieron las balas durante su larga carrera como policía, lo hizo el Covid-19. Su cuerpo fue incinerado y entregado a sus familiares, quienes en un sobrio sepelio lo sepultaron en su natal Escuinapa.


Chuy Toño es un personaje que aún muerto provoca sentimientos encontrados entre los sinaloenses. Odiado y querido. Admirado y detestado. Un policía de tiempo completo que se calcaba el uniforme y exigía a sus elementos que hicieran lo mismo.


Si algo detestaba Aguilar Íñiguez, era que a los policías se les ninguneara o no se les respetara. Bajo su mando la Policía Ministerial del Estado obtuvo muchas mejoras en los sueldos y condiciones de trabajo. Exigía al Estado mejor armamento y mejores uniformes. También era uno de los que más demandó seguros de vida y pensiones para los agentes.


Bajito de estatura, calvo y con un voz chillona, era de admirarse cómo imponía respeto y disciplina entre la tropa. Castigaba y premiaba según fuera el caso, pero siempre trataba de estimular a los agentes a su mando.
Tipo rudo y pintoresco, con un montón de anécdotas sobre el trabajo policial y el mundo delictivo. Dueño de una memoria privilegiada que le permitía ubicar rápidamente rostros y voces de delincuentes.


Su trabajo le acarreó no sólo el reconocimiento de policías nacionales sino del mismo FBI y otras agencias estadounidenses que lo comparaban con un Pit Bull, porque cuando agarraba una presa no la soltaba.


Pero en la carrera policial hay altas y bajas, malos y buenos. Chuy Toño fue un personaje de claroscuros. Con señalamientos de tortura y detenciones ilegales de parte de organismos defensores de derechos humanos.


Nunca reconoció públicamente haber cometido abusos, a lo más que llegó fue a comentar que “Hay tipos a los que el librito ya no les alcanza”, esto lo decía en referencia a aquellos delincuentes peligrosos a los que no se podía combatir sólo con lo que señala el código penal.


La debacle en su carrera fue el asesinato de Rodolfo Carrillo Fuentes, cuando sale a la luz que agentes ministeriales en activo daban seguridad al llamado Niño de Oro. Chuy Toño y su equipo más cercano presentan su renuncia el 16 de septiembre de 2004 para ser investigados.


Separado del cargo, Aguilar Íñiguez pasa en el anonimato todo el sexenio de Jesús Aguilar Padilla. Es arropado durante todo ese tiempo por el ex Gobernador Antonio Toledo Corro, como jefe de seguridad de su familia y sus negocios.


Reaparece al inicio de la administración malovista con un grueso expediente donde comprueba que fue absuelto por un juez federal de las acusaciones en su contra. “Aquí estoy dando la cara. Soy un hombre libre y sin deudas con la justicia”, dijo.


Malova reconoce que con “blancas palomas” no se puede combatir la delincuencia en el estado y pese a los cuestionamientos de diversos sectores, reinstala a ChuyToño en la dirección de la Policía Ministerial, desde donde encabeza una dura y sangrienta etapa en Sinaloa.
Es ahí donde termina su carrera y se jubila para disfrutar del retiro entre Culiacán, Mazatlán y Escuinapa.


Resulta irónico que después de haber sorteado hasta una sentencia de muerte por parte de los Arellano Félix y otros grupos delictivos, ChuyToño haya encontrado la muerte en forma de virus y no en forma de bala.


No, Chuy Toño no era una “blanca paloma”, pero nadie puede regatearle su arrojo, valentía y disciplina al frente de las corporaciones que encabezó.
Son muchos los sinaloenses que algo le agradecieron a lo largo de su carrera. Pero así como tuvo éxitos a favor de la justicia, pesaban sobre sus hombros pasajes muy oscuros que sólo él pudo haber contado…