En la raya: ¿QUÉ DISCUTIMOS?

¿AMLO o México?
Por José Luis López Duarte
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Un triste adiós a mis amigos Silvino Silva Lozano y a Arturo Borboa, a sus familias un abrazo solidario ante este doloroso trance.

Sin duda, la pandemia es un buen momento para reflexionar muchísimas cosas de nuestra vida y en especial vale la pena valorar en lo posible el desarrollo mexicano y la transición política de nuestro país, por aquello de que AMLO y su 4T son la divina providencia que viene a remediar todos los males, a castigar a los malos y perversos, aunque al parecer se están convirtiendo en un fabuloso “cuento chino”.

Desde la precampaña del 2017, como en la propia campaña electoral del 2018, dibujaba ya una visión fundamentalista cuyos trazos consistían en crear batallas entre “buenos y malos” y que los buenos poseían todas las virtudes para salvar a la patria.

Visión que se impuso y creyó buena parte de la población que quitando a unos y poniendo a otros el país cambiaría de manera automática para reordenar su vida, superar sus problemas y alcanzar el bienestar y desarrollo perdido.

Desde entonces, en la vida política del país se impuso una especie de “salvador de la patria”, que paulatinamente soslayó por la inercia de su fuerza, el debate de los grandes problemas y se impuso la voluntad y el capricho de quien pretende sustituir el interés superior de la sociedad.

De facto desapareció de la polémica nacional el discurso del modelo político nacional presidencialista, de naturaleza que rayaba desde entonces en el absolutismo autoritario, así como también desde aquel momento decidieron imponer su sello al modificar o sustituir estructuras de gobierno que hoy en día son un rotundo fracaso.

Para cerrar el círculo, no hicieron una revisión de la reforma estructural del gobierno de Peña Nieto, sino que se dedicaron a cuestionar aspectos para satisfacer aliados electorales, tanto de grupos económicos, poderes del estado, como grupos fácticos religiosos, criminales y gremiales.

El arribo de AMLO al gobierno de la república no ha sido hasta ahora para reivindicar un nuevo modelo de país, tanto en su estructura, desarrollo económico, ni como funcionamiento de una sociedad más democrática y más equitativa.

Al día de hoy son evidentes las omisiones, los errores, los compromisos inexplicables, la ausencia de visión e ineficacia del ejercicio de gobierno y que lo que lo distingue es la capacidad de construcción de acuerdos hasta con los más oscuros demonios de nuestra vida nacional.

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