En la raya: LA CRISIS SANITARIA y los médicos

Por José Luis López Duarte

Al Dr. Héctor Ponce Ramos, nuestro reconocimiento por su generosidad, profesionalismo y calidad, reconocido por la OMS, un valor de todos nosotros que nos enaltece.

Hay un viejo refrán en la vida de los mexicanos que se aplica cuando un problema es mayor y se complica más: “La familia ya era grande y parió la abuela”. Lo que viene a colación por la algidez que ha alcanzado la pandemia del COVID-19 en México, que cada día crece y que ya hizo explotar la ecuanimidad y paciencia de los médicos, enfermeras y el resto de trabajadores del sector salud.

No hay día en esta crisis sanitaria que no explote esa paciencia en algún lugar del país, como el bochornoso episodio del director del IMSSS Zoé Robledo, que se contagió cuando se hacía pruebas diarias, mientras que el personal del IMSS está llegando al extremo de reciclar insumos sanitarios contra toda norma y son ellos precisamente los del IMSS los más frágiles, susceptibles de contagio y con menos recursos para atender a los pacientes.

No es casual lo que ocurre en el IMSS, con funcionarios como burócratas de élite y trabajadores sobrecargados de trabajo y con insumos y medicamentos insuficientes.

Por eso no extraña la carta que dirigen al presidente Andrés Manuel López Obrador doce colegios nacionales de especialidades médicas que protestan que ante el decreto del 24 de abril del 2020 para contratar personal médico, se firma después un convenio por México con el gobierno de Cuba para contratar 585 médicos y enfermeras por un monto de 6.2 millones de dólares por los meses de la pandemia.

En absoluto cuestionan los especialistas la facultad y pertinencia de dicho convenio, sino el trato desigual para los médicos y enfermeras mexicanos, que incluso desde noviembre de 2019, mucho antes de la pandemia, reclamaban después de la desaparición del “Seguro Popular” su ingreso al INSABI, resultando que de 40 mil plazas convocadas en noviembre, para febrero del 2020 tan solo habían contratado a 1200 trabajadores.

El INSABI caminaba a paso de tortuga y desde diciembre la pandemia del COVID-19 se pintaba con su poderosa borrasca en el horizonte asiático. Y México vendía sus insumos básicos al gobierno chino, sin pensar siquiera que días después, el 28 de febrero, tendríamos el primer caso en México.

No sé cuánto le hayan pagado a los médicos y enfermeras mexicanos que ahora enfrentan en todos los hospitales del país esta plaga que nos abruma, pero sí sé (por el decreto), que a los 585 trabajadores cubanos se pagarán 130 millones de pesos, que promedian 200 mil pesos cada uno, por 50 días en el país, son 4 mil pesos diarios de salario, cuestión que siendo justos vale la pena valorar que ni tampoco los estímulos prometidos han pagado a los trabajadores nacionales.

No es un problema de mezquindad en absoluto. Se trata de justicia, congruencia y respeto para nuestros profesionales de la salud, quienes han dicho “no queremos medallitas, ni flores, ni homenajes ¡Necesitamos apoyos materiales y económicos!”.

Recuerdo cuando era niño, hace mucho por supuesto, cuando nuestro ejército mexicano se convirtió en un ejército de paz, que vivió mucho tiempo con sus Mausers de la primera guerra mundial, cómo en las grandes inundaciones eran siempre los que rescataban gente, bienes y reconstruían viviendas, caminos y puentes, lo que me parecía fabuloso.

Hoy, después de que a alguien se le ocurrió que el tráfico de armas y drogas en el país era una guerra, vino a dar al traste con todo eso. Por eso me preocupa que el internacionalismo solidario se convierta en una mascarada también. Qué lamentable.

*imagen Ilustrativa*

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