En la raya: LOS GOBERNADORES, ideas que valen

Por José Luis López Duarte

Las reuniones entre gobernadores al margen de la CONAGO empezó con los gobernadores del noreste del país (Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León) por allá en marzo, demandando que la federación enviara recursos a los estados para enfrentar la pandemia a lo que se fueron adhiriendo Jalisco, Durango, Michoacán, Guanajuato y Colima, hasta llegar al 29 de abril donde definitivamente, ante el nulo apoyo de la federación para la pandemia, comenzaron a construir un programa que poco a poco entre todos se fue integrando, incluso ya para fines de abril con albores de la crisis económica y las urgencias de los empresarios y trabajadores.

Son catorce semanas de impacto de la crisis sanitaria y quizá dos meses que arrancó la crisis económica, catorce semanas que han sacudido al gobierno de la república y no se diga a los gobiernos de los estados y los municipios, periodo en el que ha sido evidente el rol ineficaz de coordinar la acciones por parte del gobierno federal.

Ha sido en buena medida esa incapacidad de coordinar todos los niveles de gobierno en el país lo que ha alimentado las diferencias, conflictos y programas distintos en los gobiernos estatales y el gobierno de la república, lo que ha llevado después de casi cuatro meses desde que apareció el primer caso en el país, a un alejamiento, visiones distintas y programas diversos entre los dos niveles de gobierno.

Hoy, con la tormenta perfecta de la pandemia en su apogeo y la economía en una caída histórica, la controversia se agudiza y pareciera un callejón sin salida que eleva la tensión política al no existir la voluntad política por lo menos de dialogar y buscar acuerdos mínimos.

La dimensión de ambas crisis es descomunal, en ambos no hemos llegado a su plenitud. La pandemia ya rebasa los 190 mil contagios y 23 mil defunciones y le falta para llegar a empezar su caída. Mientras que la crisis económica ya produjo más de 12.5 millones de empleos perdidos y el cierre de decenas de miles de empresas en el país hasta el mes de mayo y la síntesis de todo esto, es la incertidumbre social que permea todo en la vida de los ciudadanos.

Se está dando una destrucción enorme de fuerzas productivas en el país reflejada en pérdida de vidas humanas, pérdida de empleos y pérdida de empresas, fuerzas que se han destruido en semanas, que tardaron años en construirse y que la reconstrucción será en ese tiempo prolongada. Hundirnos fue rápido, recuperarnos será lento.

Por ello resulta inexplicable la guerra política desatada, particularmente por la intolerancia del presidente a dialogar con gobernadores y empresarios, argumentando que se trata de una ofensiva contra su gobierno sin pensar en el control de daños y la política contracíclica para amortiguar la crisis y conducir su proceso de solución.

Las propuestas de los gobernadores del PAN, como los gobernadores de MC, del PRD, del PRI y “El Bronco” de Nuevo León, son muy similares y quizá no sea este el momento de promover la revisión del pacto fiscal, pero sí las demás.

Enfrentar la crisis sanitaria juntos todos, reorientar recursos a los estados, fortalecer el gasto por los sistemas de salud, construir un plan contra la crisis económica, un programa amplio para pequeñas y medianas empresas, establecer el ingreso básico universal, promover el seguro de desempleo e incluso proponen que si es necesario se contrate deuda pública.

Los programas sociales son vitales por la sencilla razón de que son soporte mínimo para contener el hambre, pero la crisis sanitaria, la reactivación y reconstrucción económica, así como la modernización de otros instrumentos como el pacto fiscal, son indispensables. ¿Por qué no es posible este acuerdo? ¿Qué necesidad de tanto improperio e insulto histórico, ideológico y político como si no fuéramos iguales, habitantes de este país? Como si no viviéramos los mismos problemas y creyéramos que todo es perversidad, como si fueran dueños del poder. En fin.

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